Un estudio realizado en la comunidad de Madrid, entre 618 adolescentes de entre 13 y 17 años, revela que el 18% muestran una preocupación patológica de la imagen corporal, el 32% tiene una preocupación grave por la imagen corporal y un 19,57 conoce la existencia de anabolizantes. Esto indica que la problemática de la vigorexia es una realidad que está creciendo en nuestro país, y la comunidad médica debe prepararse ejerciendo una labor de prevención e información en nuestros jóvenes.
El trastorno suele manifestarse mediante tres características: dependencia, tolerancia y supresión. La dependencia es la sensación que el ejercicio es necesario para sentirse bien y, muy a menudo, hace que se eludan muchos compromisos que también deberían ser valorados a fin de satisfacer esta necesidad, como el trabajo, la familia o los amigos. La tolerancia indica que cada vez hay más ejercicio para alcanzar la misma sensación: sentirse bien. La supresión es la sensación de cansancio o debilidad 24 o 36 horas después de faltar a alguna sesión programada de ejercicio.
Comportamientos asociados al trastorno:
- Esforzarse excesivamente en el gimnasio.
- Entrenar compulsivamente.
- Utilizar esteroides anabólicos.
- Observar excesivamente el cuerpo frente al espejo.
- Abusar de los suplementos alimenticios y beber constantemente batidos de proteínas.
- Irritabilidad y ataques de ira.
- Depresión y manías.
- Pánico si se pierde una sesión de gimnasio.
- Continuar el entrenamiento cuando se está lesionado.
- Dar prioridad al entrenamiento sobre la familia y la vida social.
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